Miradas que lo dicen todo. Hablan como cada silencio. Y los sonidos parecen sólo un simple acompañamiento. Aunque es tan necesario como esencial. Como lo es cada gesto, cada palabra y cada nota para comprender. Para acariciar con las manos, sea de lleno o únicamente con la yema de los dedos, lo que realmente no se puede tocar. Lo inmaterial es tangible. El latido de miles de corazones es palpable. La pasión tiene forma. La devoción cobra color. Como el rojo y el azul de la cruz trinitaria, estampada en un blanco sereno. La calma termina cuando el sol rompe en su plenitud. El sol no concede la más mínima tregua. Aprieta y se deja sentir. Pero poco importa. Muchos son los que, a primera hora de una tarde de octubre disfrazada de la mejor de abril, quieren adentrarse en los ojos de Él y de la Madre. Es el reflejo del sentimiento que permanece intacto en lo más profundo del alma de la ciudad. Es la fe que guarda, sin temor a la crueldad del tiempo, hacia Nuestro Padre Jesús Nazareno Rescatado y María Santísima de la Amargura.

No es una revelación, realmente, pues de sobra es conocido por la totalidad, pero sí es el redescubrimiento de una verdad. Sus fieles, su gente, su pueblo se rinden al Cautivo que les prende. El Señor de Córdoba recorre las calles de una villa antigua que respira una nueva época sin perder sus señas de identidad. Camina con elegancia y paso firme, presente su propia humildad y la de quienes le portan, por unas calles que le son suyas. Marcha con motivo el 75 aniversario fundacional de su hermandad, la del Rescatado, que comparte con la ciudad una celebración que lo es en su máxima expresión. Sensibilidad a flor de piel en cada instante. Cuando del cocherón anejo a la parroquia Santa María de Gracia y San Eulogio (Trinitarios) surge la figura de Jesús, valiente y dulce reo. Cuando sus pasos los sigue, a diferencia de lo que sucede cada Domingo de Ramos una Semana Santa tras otra, María Santísima de la Amargura. Cuando saludan a hermandades como el Prendimiento, Ánimas, Misericordia, Paz o Dolores. Cuando cruza la Puerta de las Palmas. O cuando la Cuesta del Bailío es el escenario de lo inolvidable.

La salida extraordinaria de la hermandad del Rescatado permite a Córdoba reforzar su sentimiento. El colectivo, el de que desde el comienzo, a las cuatro de la tarde, hasta el final, superadas las tres de la madrugada del domingo, florece en cada calle. Es el inicio del trayecto, así como las primeras horas, una dura prueba para unos y otros. Quienes esperan padecen, pero mucho más quienes son los pies de sus titulares o los que ponen sones a sus pasos. La emoción es absoluta, se desborda, de la apertura al cierre, con momentos como el vivido a las puertas de la parroquia Nuestra Señora del Carmen de Puerta Nueva. O como lo es el camino elegante por Torrijos -calle por la que finalmente se encamina al interior de la Mezquita-Catedral la hermandad- entre una marea humana. A esa hora, cerca de las ocho, la temperatura es ligeramente más suave y eso se nota.

En el Patio de los Naranjos apenas coge un alfiler -si la expresión se permite-. Camina el Señor de Córdoba, con el calor de su pueblo, entre árboles que ahora no muestran azahar pero de alguna forma desprenden su aroma. También, por supuesto, la Virgen de la Amargura, que viste su saya roja y el antiguo manto bordado con el escudo trinitario. Es una ocasión distinta, especial. Una jornada que, como la devoción por Jesús Rescatado o la vida de la corporación de la que es titular, va a perdurar. En la memoria, en el corazón, en el alma. En la Mezquita-Catedral las imágenes presiden una eucaristía celebrada por el obispo de la Diócesis, Demetrio Fernández, que tiene extensión hasta las nueve y media, aproximadamente. Es después cuando comienza el trayecto de regreso, que también esconde, por mucho que todos lo sepan, instantes memorables. Como lo es el descenso por la Cuesta del Bailío. Los sones los ponen, de forma perfecta, la Banda de Cornetas y Tambores Coronación de Espinas y la Banda de Música Manuel Garín de Linares. El sentimiento, la totalidad de quienes de esta cita participan. Hermanos, miembros de una sencilla comitiva, costaleros, fieles y cofrades, intérpretes de marchas imperecederas, la ciudad… Está en todos. Está en lo más profundo de cada uno.

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