Uno se despierta de buena mañana, y se encuentra con cuatro pregoneros aireados por los voceros de la información deliberados por el Consejo local de hermandades y cofradías, y piensa:

–¡Esto ya está aquí!

Es que estamos en octubre, y el tiempo va como la tortuga frente al conejo; despacio, pero sin pausa.

Pensaba cuando leía el nombre de los exaltadores (el del cartel de la Semana Santa, el del la propia Semana Santa, el de las Glorias y el de la Eucaristía), qué responsabilidad ha caído sobre sus plumas y sus gargantas.

En una época donde todo lo católico está estigmatizado por parte de una sociedad de cabezas blandas y sesos derretidos por una sarta de machacamentes que pretenden cambiar ciertas cosas, muchas veces sin más lógica que la del propio hecho en sí, sin mirar consecuencias a babor y estribor, a Sánchez Casas, a Cao Rondán, a Gutiérrez Domínguez y a Azogue Guerrero –en cada una de sus designaciones-, les han dado un clavo ardiendo que deben encender aún más para dar un mensaje que va más allá de medidas palabras, de métrica o buena prosa, de recuerdos, emociones... Deben proclamar a Cristo mismo, a la Madre misma, a la mismísima fe.

En 2017, como sabrán, será el Santísimo Cristo de la Vera+Cruz quien sea portado en el Vía Crucis cuaresmal del nombrado Consejo. Esta elección, que pareciera al azar,  es todo un símbolo de la actual situación de los cristianos. En el reflejo de la complicada situación de esta querida hermandad, podemos vernos todos los creyentes –reitero- católicos. Pero el lema de la cofradía crucera es toda una llamada a la conciencia: Toma tu cruz, y sígueme.

Qué papelón [de bienmesabe] les ha tocado a estos cuatro hombres que he citado.  De esos que te pringan, pero da gusto empezarlo. Que te empapan de sensaciones, que te embriagan al cerrar los ojos. De esos que se saborean con solo imaginar su contenido.

Tenéis, pregoneros, la palabra. Tenéis la responsabilidad, y el ejemplo de un Cristo << viejo>> que sigue callando con su simple presencia. Tenéis las ganas de escribir y la de los que seremos vuestros oyentes. En estos tiempos, donde creer en Dios vuelve a ser causa de sorna y en algunos lugares de muerte, tenéis la dicha de ser los elegidos para proclamarlo. ¡No os calléis, pregoneros! ¡No dejéis nada en vuestros tinteros!

Y, como ya escribí en una ocasión en este mismo medio, finalizo éste como aquél artículo:

<<¡Enhorabuena, pregoneros!>>.


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