En los alrededores de la Plaza Virgen de los Reyes había público esperando desde las dos de la tarde. A pesar del calor que hacía a las horas centrales del día, se concentraron numerosas personas. Pasadas las 16:45 horas, se ponía en la calle la cruz de guía precedida por la agrupación musical Nuestra Señora de la Encarnación de San Benito, que interpretó «Nuestro Padre Jesús de la Victoria» en recuerdo a la imagen titular de la hermandad. Se iniciaba así una procesión larga, de más de diez horas, pero medida al detalle y multitudinaria.

Unos 500 hermanos con cirio acompañaron a la Virgen, que se retiraron en el Ayuntamiento, al igual que decenas de representaciones de las hermandades de Sevilla y otras de fuera de la ciudad que llevan por advocación a la Paz.

Salía el paso de palio con el repique de las campanas de la Giralda a las 17.18 horas y la banda de Santa Ana de Dos Hermanas interpretaba «Coronación de la Paz», la marcha compuesta por David Hurtado para la ocasión, seguida por la clásica «Virgen de la Paz», antes de llegar a la calle Placentines. Delante del paso, una enorme bulla entre hermanos mayores, acólitos y fotógrafos aficionados que, además de impedir trabajar a los profesionales de los medios de comunicación (a los que impidieron el acceso a la Catedral antes de la salida con algunos vigilantes de seguridad perdiendo las formas), estorbaban el transcurrir de la cofradía.

A pesar de ello, el inicio de la procesión de regreso fue espléndido. La Virgen avanzaba por Alemanes con «Virgen de los Reyes» y «Coronación de la Macarena», dejando una estampa histórica con el marco incomparable de la Giralda y la luz de la tarde entrando de plano por la malla del palio para iluminar el rostro de la Virgen.

En ese momento, la cruz de guía alcanzaba ya el andén del Ayuntamiento. La hermandad tenía preparado allí un dispositivo de recogida de cirios y, poco a poco, mientras sonaba la agrupación musical que abría el cortejo, las representaciones se colocaban en la fachada de la Casa Consistorial para hacer un pasillo a la Virgen.

El paso de palio fue recibido por pocos miembros de la Corporación municipal, sin el alcalde, que estaba en el Comité Federal de su partido en Ferraz, ni tampoco Zoido, por un problema personal. La Virgen recibió la ofrenda floral de manos de la presidenta del Pleno, Carmen Castreño, y giró 180 grados para saludar al numeroso público que se entontraba en la Plaza Nueva. Allí, detenida, comenzó a sonar «Lloran los clarines» y el palio fue levantado a pulso para arrancar al compás de la marcha, momento en el que cayó una petalada.

La Virgen pisaba la alfombra de sal que le habían preparado vecinos de Sanlúcar de Barrameda e iniciaba su recorrido por el Arenal, en cuyas calles le sobrevino el ocaso.

Las mayores bullas se concentraron una vez la Virgen entró por la calle Barcelona hasta que abandonó el Arenal. Por Gamazo, cuando la banda de Santa Ana de Dos Hermanas le interpretaba «Pasan los Campanilleros», le lanzaron al palio una enorme petalada que terminó por tapar la malla del palio, dejando un contraste multicolor ya con las luces de la noche. A un ritmo algo pausado, aunque sin resultar tedioso como ha ocurrido en otras procesiones extraordinarias, la Virgen fue recorriendo las calles Castelar y Arfe.

Pasaban las nueve de la noche y la Virgen llegaba a un Postigo completamente aforado, sin público y el palio lo cruzó a tambor en una estampa más que deslucida para un momento tan hermoso del recorrido. El público, en ese momento, se desbordaba por la calle Almirantazgo.

El palio, parado en la capilla de la Pura y Limpia, comenzó a levantarse a pulso a los sones de«Rocío» para, con el flautín, salir andando muy elegantemente y romper sin descomponerse en el fuerte de la marcha. Los aplausos se sucedían y con «Como tú ninguna», una de las marchas que más se le interpretó durante el recorrido, alcanzaba la calle Tomás de Ibarra.

El control de policía era férreo. Una veintena de agentes de la Policía Nacional y de Protección Civil apartaban delante de la cruz de guía –que iba pegada a los ciriales puesto que la Virgen ya no llevaba cortejo– a todo el que quisiera pasar delante del palio. Y así continuó en la Casa de la Moneda y en la Avenida de la Constitución, ya en zonas amplias por donde había público pero ya no era una masa como por el Arenal, por lo que era innecesario esa gran presencia policial.

En la Puerta de Jerez, numerosos turistas fotografiaban despistados el paso de la Virgen, que llegaba a la calle San Fernando y entraba por la puerta principal del Rectorado. Allí, en el interior de la Lonja, visitó la capilla de la Universidad, saludando a la hermandad de los Estudiantes, en un momento en el que sonó «Mi Amargura», una de las marchas de moda del momento.

Rondaba ya los últimos minutos del día cuando el paso de palio salía por la puerta de la antigua Facultad de Derecho y cruzaba la Avenida del Cid, cortada al tráfico y donde se concentró más público de lo esperado.

Otro de los momentos más importantes de la noche llegó al entrar la Virgen en el Parque de María Luisa. La cantidad de público sobrepasó las previsiones, más aún cuando el palio estaba ya fuera del Centro y ya de medianoche.

Allí, en homenaje al restaurante La Raza, sonó la marcha «La Paz por el Parque», que la empresa de hostelería le ofrendó hace unos años encargándosela a Paco Lola. Con «Candelaria» llegaba a la Torre Norte y, para pasar por delante del gran escenario de la Plaza de España, «Coronación de la Paz».

Había dudas sobre qué pasaría al llegar a la Torre Sur, en el balcón de Capitanía, donde cada Domingo de Ramos se le interpreta «Lloran los clarines». Había rumores de que podría sonar «Suspiros de España», como con la Macarena en 2014, pero finalmente, la banda interpretó la marcha con aires militares de Abel Moreno con el solo interpretado por un músico desde el mismo balcón. La Virgen, de nuevo, fue levantada a pulso.

Quedaba la última parte del recorrido. Pasadas la una de la madrugada, la Virgen llegaba a unPorvenir engalanado con banderolas y colgaduras. Al entrar en la calle Progreso, la banda interpretó el «Ave María» de Schubert en un momento único. Y, en el número 12 de esa misma calle, el grupo musical Porvenir le cantó la canción de Albahaca que dio pie a la marcha «Caridad del Guadalquivir», cambiando del estribillo la parte que dice «y el Guadalquivir» por «y el Porvenir».

El recorrido por el barrio fue multitudinario y sorprendió sobre todo en la entrada. Pasaban las 3:10 de la mañana cuando la Virgen entraba en el cancel de la parroquia de San Sebastián, con una calle Río de la Plata llena de público, como nunca antes se había visto en la entrada de la hermandad.

A las 3:29, apenas media hora después de la hora prevista, el paso de palio cruzaba el dintel de la puerta terminando así una maratoniana jornada que empezó quince horas antes en la Catedral y que es, a buen seguro, el día más importante en la historia de la corporación.  (ABC).

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