Detener el tiempo y empezar de nuevo. Ayuno por buenos días en la cuenta atrás de cada viernes. Tardes de cultos que se agotan sólo con la última estación del Vía Crucis. La túnica ya aguarda a las heridas de cera de una nueva Semana Santa.

Por más que pasen los años, la Cuaresma será siempre un empezar de nuevo. Saludar a un tiempo de ritos donde todo se cumple porque así se ha hecho siempre. Caminar entre un decorado de proclamas que anuncian unas fechas que ya piden la venia en su particular estación de penitencia. Como si dejáramos que una cruz de cenizas que nos marca la frente nos despierte al sueño de unas nuevas vísperas.

San Fernando, que es tierra de buenos cofrades, no escapa a la celebración de este tiempo preparatorio con sobradas razones que lo hacen especial. Porque provocan hasta en el más experimentado penitente un cosquilleo que, aunque lo tiene todos los años, ni puede ni quiere controlarlo. Ve cómo las generaciones se suceden y se ve en ellas, como aquel crío que un día fue y para el que vestir su hábito era la mejor recompensa.

Por más que acumule lustros arrastrando la cola de la túnica de su hermandad y por más que el esparto de su fajín le abrace a tantos días de tardes santas, cada Semana Santa es para él estrenar en Domingo de Ramos. Se siente orgulloso de hacer de su casa la capilla en la que se visten hasta tres generaciones de cofrades y que suponen el pasado, el presente y el futuro de lo que él cree. Su camino a la parroquia es el itinerario más corto que le lleva a encontrarse consigo mismo. En la fila, junto a otros hermanos, volverá a creer en quien nunca dejó de creer.

En menos de 40 días, el cofrade forjado por años de trepá volverá a ser testigo de cómo sus esfuerzos por controlar los sentimientos y contener las emociones serán en vano. Volverá a reencontrarse con su niñez y entenderá por qué los años pasan y su Fe perdura. No se lamentará de los años que ya se fueron y nunca regresarán porque cada Cuaresma es una nueva oportunidad para empezar de nuevo. "¿Nostalgias?", se preguntaba el poeta. "No. Lo que así recreas es el tiempo sin tiempo del niño...".


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