La expectación era máxima en torno a la iglesia de San Francisco de Cádiz para recibir al Cristo de la Vera-Cruz. Los balcones lucían adornados con banderines de la hermandad y los escudos de las localidades de la provincia. 

Uno de los momentos más esperados para los hermanos de la cofradía decana ha sido el que han protagonizado este sábado. El Señor de Vera-Cruz lucía esta noche de agosto como nunca dando lugar a un instante inédito, una jornada única. 

El impresionante paso de misterio de estilo rocalla, con su magnífica talla del siglo XVIII, salía a las calles de la ciudad con la sobriedad y la elegancia que le caracterizan. El 450 aniversario fundacional de la hermandad justificaba esta procesión que ha transcurrido por un itinerario muy distinto al del Lunes Santo.

En el interior del templo franciscano se palpaba la solemnidad de la ocasión. Durante toda la semana la iglesia conventual había recibido la visita de numerosos hermanos, fieles y curiosos. El señor de la Vera-Cruz había presidido el altar mayor adornado de forma imponente con helechos y pinos de un verde resplandeciente.

En los rostros de los hermanos se intuía una mezcla de ilusión y nerviosismo. El destino ha querido que justo este año la cofradía no pudiera realizar su estación de penitencia en Semana Santa debido a la amenaza de lluvia. Sin embargo ahora esta salida extraordinaria ha servido de consuelo para los hermanos y muchos devotos que se han querido acercar para ser partícipes de este emotivo momento.

Las puertas de la iglesia se abrieron de forma puntual. Como es habitual, el cortejo se había formado en el interior del templo. Participaron en torno a doscientos hermanos con los clásicos cirios verdes. En el cortejo estuvo presente la junta de gobierno de Vera-Cruz y representantes de las hermandades con sede en San Francisco, Nazareno del Amor y el Caído. También se encontraban miembros de la Vera-Cruz de Rota y de la Vera-Cruz de Arjonilla (Jaén). Asimismo formaron parte del cortejo niños y jóvenes bielorrusos que integran el programa de acogida y saneamiento temporal de la hermandad.

En la calle, respeto y tímidos aplausos. Pronto iba a anochecer pero aún quedaban unos minutos de luz cuando el capataz Benito Jódar dirigiendo a los suyos hacia la puerta para proceder a la siempre delicada maniobra de salida. El paso fue escoltado cuatro miembros de la Policía Nacional. 

Superando el dintel se elevó la cruz y sonó el himno nacional. La banda de cornetas y tambores Nuestra Señora del Rosario de Cádiz fue también protagonista al acompañar a este Cristo. Su presencia reafirmó la excepcionalidad de la salida procesional. 

Tras colocar correctamente la cruz del Señor, comenzó el recorrido del paso que en este caso ha girado hacia la izquierda para llegar a la Alameda por la calle Isabel la Católica. El fuerte viento de levante se hizo presente en esta noche espléndida de cofradías junto al Cristo de la Vera-Cruz. (ISLAPASIÓN).

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