La Plaza de Cristo Rey amaneció, el pasado sábado 11 de junio, engalanada en honor de la Santísima Virgen de la Esperanza que impaciente esperaba en el interior del Templo del Salvador entronizada en su paso de palio para pasear por las bellas calles de su pueblo en un día que quedará guardado en la memoria de los hermanos de la Esperanza. La conmemoración de los cuatrocientos cincuenta años de Hermandad nos regaló estampas únicas e irrepetibles en el epílogo de esta primavera.

A los sones de Triana de Esperanza la Banda de Nuestra Señora de Guaditoca de Guadalcanal llegaba ante las puertas de la Iglesia del Salvador mientras la Plaza de Cristo Rey se llenaba de fieles deseosos de ver a su Esperanza. A las siete menos cuarto de la tarde las puertas del Templo se abrían para dar comienzo a esta extraordinaria procesión. Todas las Hermandades y Asociaciones de Carmona acompañaron, en esta primera parte de la procesión, con estandarte y varas, le seguían numerosas mujeres de mantilla, así como representaciones civiles y el Consejo de Hermandades que antecedían a la Santísima Virgen. A las siete de la tarde María Santísima de la Esperanza se asomaba al dintel de la Parroquia mientras todas las miradas se concentraban en su rostro.

Los primeros compases musicales sonaban tras la Virgen de la Esperanza en la Plaza de Cristo Rey como si de un Domingo de Ramos se tratase. El sol se asomaba por la calle El Salvador queriendo reflejarse en el bello semblante de la Santísima Virgen. Con paso corto, sin prisas, sus costaleros la llevaban con dulzura en cada chicotá. La bella Plaza de San Fernando la esperaba en el momento en el cual todos los hermanos del cortejo pudieron contemplar su caminar mientras paseaba rodeando la popular Plaza de Arriba.  

Las campanas de la Torre de Santa María la llamaban cuando entró en la calle Martín López. Treinta y un grado marcaba el reloj en esta calle al paso del cortejo que se adentraba ya en la Parroquia Prioral subiendo la calle Carlota Quintanilla. A las ocho en punto, una hora después de atravesar el dintel del Salvador cruzaba el de Santa María. Con los sones de la popular Salve a la Virgen de Gracia reviraba poco a poco para postrase, en el primer lugar, ante el Sagrario y poco después hacía lo propio ante la Patrona de la Ciudad, Santa María de Gracia Coronada.

En la nave del Evangelio quedó la Santísima Virgen de la Esperanza durante el Solemne Pontifical de Acción de Gracias celebrado por el Arzobispo de Sevilla, don Juan José Asenjo Pelegrina. Durante la homilía el Arzobispo mostró los pilares fundamentales que deben tener las Hermandades en la Diócesis sevillana. La Coral Ave María intervenido de manera magistral durante la ceremonia que finalizaba con la Salve Esperanza Nuestra.

Pasadas las diez y vente de la noche, cuando ya la luna se asomaba para poder contemplar el regreso triunfal a casa de la Santísima Virgen de la Esperanza, el paso de palio abandonaba las centenarias bóvedas de la Parroquia Prioral y descendía la empinada rampa que devolvía a la Virgen de la Esperanza a las calles de la ciudad. El cortejo en este regreso estuvo compuesto por los hermanos de la Hermandad. A los sones de Coronación la Virgen reviraba en la calle Carlota Quintanilla y buscaba la Plaza del Marqués de la Torre mientras la esbelta torre de Santa María repicaba despidiéndola. La Hermandad visitó en su regreso el Convento de las Descalzas, así como a las hermanas clarisas un poco más adelante.

María Santísima de la Esperanza, obra anónima de principios del siglo XVIII, lució para esta magna ocasión saya de terciopelo burdeos con bordados del siglo XVIII y manto verde sin bordar. Sobre sus sienes portó corona de plata sobredorada del taller de Antonio Santos de 1976. En su mano derecha sostuvo una rosa blanca, mientras que en la izquierda portó un rosario. El magnífico palio verde bordado en oro por los Talleres de Benítez y Roldán presenta en su gloria una pintura de la Patrona de la Ciudad. Los respiraderos son de 1937 y pertenecieron a la sevillana Hermandad de las Penas de San Vicente. El exornó floral estuvo compuesto por flores blancas en las que predominó el gladiolo.

Faltaba diez minutos para la media noche cuando se inició la subida por la calle Hermanas de la Cruz entre inmensa bulla que hacía difícil el transitar por este lugar. De una sola chicotá sus costaleros subieron la cuesta para postrarla ante las Hermandad de la Cruz que la esperaban en las puertas del Convento. Con una lluvia de pétalos y con las veces angelicales de las Hermanas fue recibida cuando ya el reloj marcaba los primeros minutos del domingo 12 de junio.

Aún quedaba un largo camino que recorrer y momentos difíciles de repetir. En la esquina de la calle Hermana Lucía se cantó una saeta antes de iniciar la bajada de la calle General Chinchilla. A los sones de Amargura llegaba a la Iglesia de San Felipe donde la Hermandad del Cristo de la Amargura la esperaba en la puerta del Templo donde se rezaba la Salve. Minutos después descendía la calle San Felipe buscando el Templo de San Bartolomé y el Arco de la Puerta de Sevilla.

Nadie quiso perderse ese momento y es que hace más de treinta años que María Santísima de la Esperanza no atravesaba el Arco de la Puerta de Sevilla. Una marea humana delante de su paso guardaba ese momento en su retina cuando era la una y veinticinco de la madrugada. A los sones de Mi Amargura y ante la emoción de su pueblo de Carmona la Virgen de la Esperanza abandonaba por unos instantes las calles más antiguas de la Ciudad y se adentraba en el barrio de San Pedro.

Como marco quedaba la Puerta de Sevilla con sus milenarias piedras, una estampa para el recuerdo de esta gloriosa procesión. Tras abandonar la Plaza Blas Infante se adentraba en la amplitud de la calle González Girón donde numerosos vecinos la esperaban en las puertas de sus casas. Igual ocurría en la calle San Juan Grande donde fue recibida con una lluvia de pétalos. A las puertas de la Parroquia de San Pedro la esperaban la Hermandad Sacramental y la de la Humildad. La Virgen de la Esperanza reviró encarando las puertas del Templo.

De nuevo la Puerta de Sevilla la esperaba para volver a su Templo. Eran las tres menos diez de la madrugada cuando dejaba atrás San Pedro y atravesaba el Arco de la Puerta de Sevilla entre aplausos y emoción de sus hermanos. Se iniciaba el regreso a casa por la calle Prim y la Plaza de San Fernando que la contempló, en el inicio de la procesión, bajo un intenso sol y ahora lo hacía con la luna como testigo.

A las cuatro de la madrugada, dos horas después de los previsto pero que poco importaba el retraso, María Santísima de la Esperanza volvió a su Templo del Salvador desde donde reparte Esperanza a todo su pueblo de Carmona como lo lleva haciendo desde hace cuatro siglos y medio. (ISLAPASIÓN).

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