El Corpus de San Miguel o de Minerva, como es más conocido, tuvo el pasado domingo un acento especial al figurar en el cortejo la imagen de Nuestra Señora de la Encarnación, que por decisión de la junta de gobierno de la Hermandad del Santo Crucifijo, figuró de forma excepcional con motivo del Año Santo de la Misericordia lo que en gran medida provocó un ambiente muy superior a lo habitual en esta cita eucarística. 

Fue la nota destacada de una procesión que sigue reuniendo unos atractivos muy singulares que se suman a la larga historia que acumula este Corpus mañanero de encantadoras calles del añejo barrio, de alfombras en la calzada, de balcones adornados, de macetas en las aceras, de altarcitos en las casa puertas, de campanas volteando alegres y ayer, de sol radiante. 

La Minerva siguió conservando todos estos atributos junto al genuino sabor cofrade con el que la hermandad la viste. La salida se inició sobre las diez de la mañana tras la función solemne. Los hermanos formaron el cortejo con la presencia de insignias y estandartes marianos que enriquecen el patrimonio de la hermandad junto a representaciones corporativas de hermandades vinculadas a la parroquia y las sacramentales. 

Transcurrió por un recorrido distinto a fin de acercar a la Virgen a la casa de las monjas Clarisas de la calle Barja, que son sus camareras de honor. Desde las mismas puertas del convento, las religiosas cantaron a la imagen y también al Santísimo, que fue en la valiosa custodia de Laureano de Pina sobre el templete del Rosario de los Montañeses. 

Detrás sonaron marchas solemnes interpretadas por la municipal de San Fernando. Delante, La Encarnación fue sobre su magnífica peana en un conjunto formado por la mesa del palio, con sus respiraderos, candelería y candelabros delante de la imagen, rematado con faldones blancos, manto azul liso y corona de plata; aires muy diferentes a las tres ocasiones anteriores en las que la Dolorosa ha formado parte de la cita sacramental. 

Tras el paso, la música del Nazareno de Rota fue el complemento perfecto para una salida sumamente extraordinaria. (ISLAPASIÓN).

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