El contrapunto de la Semana Santa. Cuando a las once de la noche, por segunda vez en la jornada del Viernes Santo, se abren las puertas de la Iglesia Mayor, una visión totalmente distinta a la que hemos podido comprobar en los últimos días se hace a las calles.

Es el cortejo que acompaña a la Virgen del Rosario en Sus Misterios Dolorosos. Cortejo callado, silente, que solo encuentra el rezo del Santo Rosario por el centenar de penitentes que anteceden a la parihuela y los otros tantos que tas la Virgen van en penitencia. 

Aunque la hermandad ha ganado en número de fieles que acuden a verla a su salida -aquellos que están por el centro y que esperan la recogida de la Virgen de la Soledad- es cierto que la Carrera Oficial si muestra un panorama desolador. Pocos son los abonados de palcos y sillas que se quedan a ver el paso de la Hermandad del Rosario.

Pero esto a los cofrades del Rosario no les afecta. No tienen la mentalidad cofrade al uso. Salen para rezar, para mostrar su fe en forma de oración junto a la Santísima Virgen, y así lo hicieron.

Mucho público en el encuentro a las puertas del camposanto isleño en el momento en el que la Virgen acude a su feligresía, la de siempre, la de San José Artesano, a aquella de la que debió marchar por culpa de quien ya no está. 

Pero con la misericordia propia del Año Jubilar en el que nos encontramos los cofrades del Rosario suplen las ofensas del pasado con la oración del pasado, presente y futuro de esta corporación.

La Isla se encontró de nuevo en la madrugada del Sábado Santo con la Virgen del Rosario. (ISLAPASIÓN).

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