Si se observa el cortejo que la Hermandad del Santo Entierro pone cada año en las calles de la ciudad el Viernes Santo se podría decir que es -al menos en la primera parte de su recorrido- un compendio de protocolo bien organizado en el que destacan las autoridades civiles, religiosas y militares que dan realce al mismo.

Pero más allá de estas la Hermandad del Santo Entierro pone cada año en la calle un cortejo de hermanos, fieles y devotos que junto al Santísimo Cristo Yacente y la Virgen del Mayor Dolor en Su Soledad representan un cortejo cuidado y bien engarzado de devoción silente que se demuestra, más fácilmente, cuando la cofradía vuelve por Real hasta su templo en esa segunda mitad del recorrido.

Además de estas visiones de la cofradía el Santo Entierro marcó desde su inicio un ritmo cadencioso que fue aminorando conforme avanzaba por Real y que -raro con respecto a otros años- se volvió bastante lento antes de llegar a la confluencia con la calle San José donde dejaron algunos minutos de retraso al paso de la Hermandad de los Desamparados.

En su recorrido por Pérez Galdós se observa una imagen correctísima de hermandad de negro sobre calles estrechas, todo un deleite, que dista mucho de una hermandad más oficialista por la calle Real. 

El paso por la Alameda del Carmen antes de su recogida es quizás el punto álgido de la cofradía en la calle donde ponen el punto y final a un Viernes Santo desde el Carmen de protocolo y devoción. (ISLAPASIÓN).

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