A las cinco y media de la tarde se abrían las puertas de la Iglesia de San Servando y San Germán para que la Hermandad de Humildad y Paciencia saliera a las calles de la ciudad en su anual salida procesional.

Dentro, en el templo, los nervios estaban a flor de piel, aunque todo estaba dispuesto tras el movimiento de los pasos para encararlos a la puerta del templo.  Durante este momento no faltaron las saetas, las primeras a los Titulares en el Domingo de Ramos.

Ya con las hileras de penitentes saliendo el paso del Cristo de Humildad y Paciencia se levantó tras los toques de llamador de una familia muy vinculada a la cofradía del barrio de la Ardila.

El paso salió a la calle acompañado de los sones de la Agrupación Musical ‘Ecce-Mater’ de Cádiz que se estrenaba en nuestra ciudad tras este paso de misterio. Una cuadrilla de los Jóvenes Cargadores Cofrades (JCC) portaba el paso que ya se adentraba entre marchas en su barrio para poner rumbo hacia el centro de la ciudad.

De igual manera lo hizo el paso de palio de la Virgen de las Penas que con las marchas de la Banda de Música de Agripino Lozano se reencontraba con su barrio y con los cientos de cofrades isleños que no quisieron perderse la cita.

Además, y por segundo año consecutivo, el palio de la Virgen de las Penas al llegar a las inmediaciones de UPACE se volvió para algunos jóvenes atendidos en este lugar así como para ofrecer una levantá –con el paso girado hacia los niños- a José Manuel Porras responsable de esta labor asistencial.

Todo andaba sobre lo previsto entre hermandad y Consejo y los horarios se iban clavando. Todo hasta que cuando el paso de Cristo estaba entrando en la Carrera Oficial y el paso de palio de la Virgen de las Penas transitaba junto al Teatro de Las Cortes la lluvia hizo acto de presencia y comenzaron los cambios.

Al Cristo de Humildad y Paciencia le quitaron las potencias y lo envolvieron entre plásticos. El paso de palio no se llegó a cubrir pero si a muchas de las insignias.

El cortejo prosiguió tras la Carrera Oficial por la calle Real –a paso de tambor el Cristo- hasta que una vez se supieron los partes negativos que se avecinaban horas después ceso el tambor y el andar del paso de misterio se hizo lo más alargado posible. En el palio ocurría lo mismo y se llegaba a la confluencia con Benjamín López marcando este ritmo presuroso. 

Una vez que el paso del Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia llegó al final de Real -esto es la esquina con San Agustín y posterior prolongación a la Avenida Duque de Arcos- todo se relajó. El paso de misterio giró escuchando una saeta y cuando ya entraba por Duque de Arcos se sucedían las marchas sin solución de continuidad. En el paso de la Virgen de las Penas ocurría lo mismo. Y de esta forma todo el trayecto que distaba en la Avenida Duque de Arcos hasta el templo los pasos fueron como si un Domingo de Ramos normal se tratase. 

El Cristo de Humildad y Paciencia llegó a la Iglesia de San Servando y San Germán a las once de la noche donde esperó la llegada de la Virgen de las Penas para el tradicional encuentro con el que finalizó esta jornada de Domingo de Ramos en la Ardila. (ISLAPASIÓN).

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