A pesar de que su designación se produjese en unas circunstancias extrañas y poco habituales el pasado mes de enero acogí con tremenda alegría el más que sorpresivo nombramiento, por parte del Consejo de Hermandades y Cofradías, del que en unos días será el encargado de pregonar la Semana Santa de San Fernando 2016, el cofrade, periodista y director de este medio, Eduardo Albarrán Orte.

Por otro lado, en unos días se cumplirán diecisiete años desde que tuve la fortuna y el honor de que sobre mi persona recayese el mismo cometido que ahora tiene merecidamente Eduardo por lo que creo adivinar buena parte de sus sentimientos en estos escasos meses que ha tenido para prepararlo.

Se que se habrá sentido más que abrumado con las llamadas de felicitación, con los mensajes y whatssapps, con todas esas palabras de ánimo y confianza, con tantas oraciones ofrecidas, con tantos apretones de manos sinceros, con tantas muestras de cariño. Seguro que le han hecho más llevadera la pesada carga en que a veces se convierte el Pregón. Y probablemente hayan hecho aumentar la responsabilidad.

Conozco la euforia que provocan esos momentos de inspiración en los que sin saber porqué, las ideas fluyen y las frases felices o los párrafos brillantes se amontonan casi sin dar tiempo a ser escritos, contrapunto feliz a esos otros instantes de angustia que provoca la cruda realidad de un texto  todavía en blanco y al que hay que dar forma.

Imagino que habrá tenido que desdoblarse para poder cumplir con las invitaciones de aquellas hermandades y entidades que desean compartir unos momentos con el Pregonero y ofrecerle todo su apoyo.

Pero queda lo mejor que no es otra cosa de disfrutar del día señalado, de ese Domingo de Pasión que siempre llega antes de lo que se piensa (este año todavía más) y de ese momento único de enfrentarse, desde el atril del Real Teatro y tras los sones de Amarguras, al silencio respetuoso y expectante de la Isla cofrade, deseosa e impaciente de escuchar el mensaje del Pregonero y premiarle con su mayor ovación.

Vas a vivir, querido Edu, una experiencia inolvidable, llena de momentos imborrables y cargada de intensas emociones que se transformarán en recuerdos grabados en tu memoria para toda la vida.

Decía al principio que posiblemente la designación no haya sido la imaginada por ti, pero eso es lo de menos, carece de importancia. Lo cierto es que a partir del próximo domingo podrás decir, con legítimo orgullo, que has sido pregonero de la Semana Santa de tu ciudad.

Y eso ya, amigo mío, sí que no te lo quita nadie.