Un año más se ha celebrado con intensidad la Semana de la Música en San Fernando en torno a la festividad de Santa Cecilia. Numerosos actos en los que, una vez más, han participado buena parte de las entidades musicales que acompañan a nuestras hermandades durante la Semana Santa. Y la mayoría lo hacen variando el repertorio, alejándose de la música cofrade para las que muchas de ellas nacieron o se formaron, interpretando en estos conciertos -como en otros veraniegos- estilos o registros musicales diferentes. Es de alabar esa capacidad, quizás diga mucho de la formación musical de esos componentes y de sus directores musicales. Es un plus, un avance significativo y demuestra la viveza del mundo de la música y los músicos en nuestra ciudad.

Pero me pasa que estos días de finales de noviembre en lugar de ponerme el fajín de esparto sobre mi rancia túnica de ruán, me lo he colocado directamente sobre la piel y eso raspa, duele e irrita. Y ese malestar hace que quiera ver fantasmas donde quizás no los hay. Y en esto de la música, el ego canta y el pecunio manda. No quiero ser malpensado -o sí- pero no es baladí que cíclicamente se cuestione desde las distintas entidades musicales de San Fernando la "subvención" económica que disfruta en exclusiva la Banda Sinfónica. Tradicionalmente se ha esgrimido, entre otras razones, que dicha formación recibía esa cantidad de dinero porque estaba al servicio de la ciudad, como entidad municipal que era, actuando en todos los actos institucionales que el ayuntamiento requiriese y por tanto, se diferenciaba del resto en que no sólo tocaba en Semana Santa, que era lo que básicamente el resto de entidades hacían. Pues nada, habrá que interpretar bandas sonoras de películas como 1492 La Conquista del paraíso o pasodobles como Suspiros de España y quizás ofrecerse para completar programaciones de la Delegación de Cultura para completar los programas de verano para que esos argumentos caigan por su propio peso.

Y es que el montante económico de lo que aporta el Ayuntamiento a la música no son cuatro perras gordas. Y si ese pastel se repartiese pues las otras formaciones musicales bien podrían tener solventados sus alquileres de locales, gastos de luz, etc...; lo que traducido resulta más dinerito en los bolsillos para los directores y resto de componentes. Pues esos gastos no tendrían que salir de los contratos que tienen en Semana Santa y en el periodo de las glorias, dinero éste que podría ir limpio a repartir en las condiciones que tenga cada formación entre todos sus componentes.

Porque la música tira, y no lo dudo. Tiene que gustarte mucho para dedicarle tantas y tantas horas de formación y ensayo durante todo el año para formar parte de una formación musical. Pero tampoco viene mal sacarte quinientos euros en una semana, aunque te dejes el labio.

Y seguro que ahora, buena parte de los que lean esa cantidad dirán que de dónde la saco si ellos llevan toda la vida en una agrupa y no han visto ni un duro. Pero es que lo de las agrupa y las bandas de CCyTT es otro mundo. En ese micromundo es constante el trasvase de músicos de una a otra formación. ¿Causas? Múltiples seguro, tantas como experiencias personales te puedas encontrar pero los vaivenes, los saltos de calidad de un año para otro de una formación dependen y bastante de ese trasiego; un trasiego muchas veces motivado por el cansancio que supone estar todo el año ensayando y ver que la única recompensa que te dan es poder fardar que tu banda comienza a ser escuchada más allá de las fronteras naturales de tu pueblo, que llevas más bulla que el propio misterio al que vas tocando, sacar un cd o estrenar cada cuatro o cinco años un uniforme, cuando a otros también le apoquinan billetes. Y claro, después te enteras que siendo puntero y yendo de free-lance y con contactos te sacas tus cuartos en Semana Santa sin necesidad de estar pringao toda la semana ensayando. Así, cuando alcanzas una edad y tus compromisos aumentan o tus aspiraciones vitales cambian, eso de la corneta, el fliscornio o la trompeta sigue siendo tu pasión, pero ya no ves tan claro dedicarle tanto tiempo al tema.

Viéndolo así, si yo fuera uno de esos músicos, llamaría a la puerta de Esencia: marchas clásicas que no hacen falta ensayar mucho porque las tengo bien aprendidas, un ensayito por semana con buen ambiente, gente que sabe soplar por derecho y que son pocos a la hora de repartir los cuartos. Si se lo curran, les auguro un buen futuro. El tiempo lo dirá.