Desde muy temprano, los hermanos de La Palma miraban al cielo con preocupación. La madrugada fue de viento, pero el suelo había amanecido seco. Quizá el tiempo respetaría y lo hizo durante los actos matinales. Han sido muchos los vecinos del barrio y devotos de la imagen milagrosa los que han acompañado al cortejo que encabezaba el estandarte y el crucifijo hasta La Caleta, donde el Rvdo. P. Juan Enrique Sánchez bendecía las aguas y pedía a la Virgen su protección para que la ciudad de Cádiz no volviera a vivir el drama de hace 260 años, aquel maremoto que sorprendió a La Viña y que se frenó por la intercesión de la que hoy es su Reina.

Ese milagro es el que se conmemora cada año con la salida de la imagen, que ayer tuvo que permanecer en el templo por la lluvia. Una tormenta que descargaba con fuerza sorprendía a los devotos durante la función votiva del mediodía y con ella se esfumaba la ilusión de ver procesionar a la Señora de los viñeros. Los que estaban en la calle se refugiaban apretados en la iglesia, que ya se había quedado pequeña para la eucaristía.

Al hermano mayor de la Archicofradía, Francisco Javier Lucero, se le notaba la frustración en el tono de voz cuando anunciaba que finalmente no saldrían. «Era evidente como está el tiempo», decía a modo de explicación. «Desde esta mañana estamos haciendo el cuerpo y hay que ser prudentes», ha asegurado. También lo ha lamentado por los hermanos, «que están tristes porque se empaña la ilusión de todo un año». Durante toda la semana se han afanado en dar los último detalles al paso, mientras los vecinos adornaban los balcones para que las calles presentaran su mejor aspecto.

Mientras, la imagen ha permanecido en su paso engalanada con nardos, rosas y gladiolos y lucía el terno de salida bordado en tisú blanco del siglo XVIII. Así la contemplaron los escolares que el viernes fueron a la iglesia para el tradicional besamanos y los devotos que no han faltado a ese ratito para pedir su favor o dar las gracias. No ha querido tampoco el hermano mayor despedir la jornada con ese mal trago y ha pedido a la banda de música de Nuestra Señora de la Soledad de Cantillana, que interpretara cuatro marchas en el interior del templo, entre ellas ‘Palma Coronada’ y ‘Mística Palma’. Ellos iban a ser los encargados de acompañarla en el cortejo y así le rindieron un homenaje en su día grande.

Ya en la calle, los establecimientos han desmontado las terrazas y han visto como la jornada festiva se pasaba por agua. Muchos son los que esperaban ver procesionar a la Virgen e incluso encomendaban a ella la victoria del Cádiz CF, que sí respondió en el estadio de Linares. Cuenta de todo ello daban las redes sociales, que ayer recogían la desilusión de los viñeros.

Para la Archicofradía la decepción era doble, porque este año también tenían previsto que la procesión incluyera en su itinerario a la calle José Cubiles. Allí tiene su residencia una hermana que no podía acompañar a la Virgen por una grave enfermedad y querían que este nuevo noviembre también la sintiera cercana pasando por delante de su casa.

La Señora de La Palma no faltaba a su cita por las calles del barrio desde 2008, cuando también hubo que suspender la procesión por el temporal. Entonces fue una lluvia fina la que deslucía los actos de comenmoración del maremoto y dejaba en el templo a la Señora. Esta vez ha sido un aguacero que no paró hasta bien entrada la noche e hizo imposible cualquier intento de sacarla a la calle.

No obstante, el tiempo perdonó para la renovación del voto y la celebración del Rosario de Penitencia que culminó en La Caleta. Tras rezar la Salve Madre, la comitiva regresó al templo realizando una parada ante el cuadro que recuerda el punto exacto donde se detuvieron las aguas aquel 1 de noviembre de 1755, según reza la tradición. La pintura, realizada por Félix Quijada en 1936, permanece en su sitio original desde que fuera restaurada hace seis años. Después de este acto, el cortejo volvió al templo, terminando la misa conmemorativa del día de Todos los Santos.

Ya apuntando el mediodía y con el cielo cerrado de nubes, daba comienzo la función votiva que presidió el obispo de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, Rafael Zornoza. Hasta la misma puerta de la pequeña iglesia de La Palma se acercaban los devotos para participar de esta celebración. Durante su homilía, el prelado volvió a incidir en la realidad de la existencia de la Virgen, como ya hiciera durante el acto del Día de la Patrona. Según dijo, «Ella ha llevado a cabo con más fidelidad ese plan que Dios tiene para nosotros».

Rafael Zornoza se centró en la fortaleza de la fe y llegó incluso a mencionar al filósofo existencialista Kierkegaard que la pone en duda. El obispo consideró «oportuna» la cita porque «hoy es necesario ser conscientes de que celebramos nuestra fe». «No sólo creemos, sino que queremos creer», dijo tras explicar que «nos cuesta valorarla, pero cuando estemos en presencia de Dios todo estará clarísimo».

También quiso hacer una reflexión sobre aquel 1 de noviembre de 1755 y lo que empujó a fray Pablo de Cádiz a sacar el estandarte y encomendarse a la Virgen para que frenara las aguas que amenazaban con tragarse la ciudad. «La invocó porque ya se había sembrado la fe y la devoción», aseguró. Tras sus palabras, fue Francisco Javier Lucero el que subió hasta el atril para pronunciar el voto de gracia a La Palma y renovar el mismo compromiso de hace 260 años.

El acto estuvo acompañado por el Coro de La Viña, que interpretó la Misa Gaditana con sones de tango que le pusieron el broche a la celebración empañada por la lluvia. (ISLAPASIÓN).

Galerías: