La hermandad de Jesús Caído celebró el pasado sábado en la Catedral sus 250 años de historia. La corporación que nació en el convento de San José (San Cayetano), auspiciada por los frailes carmelitas descalzos. Desde entonces hasta hoy la cofradía ha recorrido un largo camino siendo en la actualidad una de las cofradías cordobesas que, ajena a modas, sigue manteniendo su esencia, la misma que ayer se pudo ver en la procesión de regreso a San Cayetano.

Como estaba previsto, a las 18.30 horas dio comienzo en la capilla de Villaviciosa de la Catedral un solemne pontifical de acción de gracias por esta vida de hermandad, una vida que ayer se notó más que nunca atendiendo al alto número de participación de hermanos y fieles.

Tras la eucaristía se empezó a formar el cortejo que llevaría a los titulares de la popular hermandad del Jueves Santo hasta su sede canónica en la iglesia de San Cayetano. Cruz de guía, hermanos portando cirio y a lo lejos ya se vislumbraba la inconfundible silueta de Jesús Caído. Sonaban las campanas en la torre de la Catedral a la vez que la sevillana banda de Nuestra Señora de la Oliva, contratada para acompañar el paso de palio, entonaba la Marcha Real seguida de la marcha Jesús Caído , del maestro Enrique Báez.

Con esta sintonía Jesús Caído avanzaba desde el Arco de las Bendiciones dispuesto para bendecir a los cientos de fieles que en el Patio de los Naranjos quisieron ser partícipes de la historia de esta centenaria hermandad. El paso del Señor se pudo contemplar con un exuberante exornado floral a base de lilium color rojo pálido salpicado de statice morado, mientras que la imagen lució para esta histórica ocasión la túnica morada que, bajo diseño de fray Juan Dobado, realizó Francisco Pérez Artés.

A la vez que Jesús Caído se dirigía hacia la Puerta del Perdón, ya acompañado por la banda de las Cigarreras, una amplia hilera de cirios blancos nos anunciaban que la Virgen del Mayor Dolor en su Soledad estaba presta a salir, un hecho que no tardó en suceder. Así, el palio negro de la titular del Caído asomaba ya a la Puerta de las Palmas. Fue el momento en el que la banda de Nuestra Señora de la Oliva de Salteras entonó la Marcha Real .

Como estreno se pudo ver en la calle de la candelería una reproducción de la Virgen del Carmen de San Cayetano, regalo de la Archicofradía hermana del Carmen.

Así, la hermandad, con su particular sello, con un inmejorable repertorio de marchas y arropada en todo momento por mucho público, comenzó su itinerario por las calles de la ciudad, calles por las que no había pasado nunca, otras que después de algún tiempo volvían a ver a Jesús Caído y algunas por las que es habitual verlo, todas con un encanto especial, donde la cofradía se pudo recrear.

Sin duda, el momento más especial fue la llegada a Santa Marina y poco después a la Cuesta de San Cayetano, toda engalana para recibir a los titulares que 250 años después mantienen viva la llama de la fe.

La Hermandad del Santo Entierro de San Fernando estuvo representada en el cortejo de esta procesión extraordinaria por los lazos carmelitanos que las unen. (ISLAPASIÓN).

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