Que el mundo está como una cabra con cencerro subiendo y bajando el monte, está claro. No podemos decir que vivimos en una época especialmente convulsa porque, ¿cuál ha habido que no lo haya sido? Lo que es evidente es que seguimos removiendo nuestro propio detritus.

Cuando uno abre un periódico, enciende la televisión, o se conecta a internet, no deja de recibir información que huele a podredumbre. A miseria humana, o a humanidad miserable, que parece lo mismo, pero no lo es. Desayunamos con un Arca de Noé que solo lleva una especie animal -la nuestra-, que quiere huir como sea de un diluvio de miedos y masacres. Almorzamos con la demagogia de dictadorzuelos y fauna afín que hablan de democracias y libertades mientras subyugan a su pueblo y sus monosabios les aplauden. Cenamos con espectáculo de políticos que se enzarzan en una lucha en el barro (o en las heces), y el que más sucio acabe es el perdedor. ¡Ah, no…! Que todos terminan de lodo –por ser correcto y no decir de mierda- hasta el colodrillo.

Ya sé… Soy consciente de lo cansino de artículos como este. Gusta más una breve lectura de emociones a flor de piel, que de reflexiones de cardo e hiel. De hecho, les confieso que solo iba a referirme al nuevo giro sobre el caso de Alex Salinas -el padrino de quita y pon- que, finalmente, ha apostatado por considerar que la Iglesia no ha sabido más que valorar su condición sexual.  Ha perdido la Santa Madre a un hijo, o quizás a más de uno. La familia Salinas hecha una piña –como es lógico-. El pequeño no será bautizado. Y ahora toca hacer examen de conciencia al clero provincial.

Ya tiene aquí la Santa Madre, una vez más, a la acción pro derechos (y casi siempre anticatólica) aporreando a sus puertas, reclamando la injusticia sobre el citado. ¿Ha hecho bien el Obispado al acatar la respuesta de la Congregación para la Doctrina de la Fe? ¡Pues claro! ¿Qué van a hacer? Como bien cita un buen amigo en un artículo, Roma locuta, causa  finita est. Algo así como, lo que dice Roma va a misa. Discúlpenme lo coloquial.

Pero esta es la eterna lucha por considerar los sentimientos según la sexualidad, por un lado y, por el otro, por no comprender ni acatar las normas por las que se rige la Católicay Apostólica en todo su derecho. Esto es. ¿El ser humano no puede ser coherente sin necesidad de dirimirse su más íntimo ser? Y, además. ¿No tiene la Iglesia católica potestad para considerar esto mismo que requiere para sus nuevos miembros?

Lo dicho… Cuando no es un desayuno, almuerzo o cena, es una tapita o la merienda con la que nos quieren atragantar.

Solo pensaba referirme, como dije, al caso anterior, pero ha llegado septiembre y nos ha traído vientos gélidos más que frescos, que nos encoje la piel, y hasta el alma. Como si durante el estío el planeta entero se hubiera tomado unas vacaciones, nos despertamos una mañana dándonos cuenta que no ha sido así. La desesperación de un pueblo –que no ha tenido ni un solo día de asueto- ha hecho que su gente se lance al mar y a los caminos como única solución. Llegan en masas, confundidos, destrozados… Y, hace poco, esos insospechados aires preotoñales nos congelaba la sangre al contemplar como yacía en la orilla de una playa turca el cuerpo inerte del pequeño Ylian, que parecía buscarle el latido a una Tierra que cada vez le cuesta más bombear el corazón.

Este mes poco nos reconforta. La política: en su línea. El paro: en su línea. Las cuentas para llegar a fin de mes: en su línea. El precio de los productos de primera necesidad: en su línea. Las subidas de la luz y el gas: en su línea. Las prisas: en su línea. Los agobios: en su línea. Los libros de los niños: en su línea.

Benditos meses estivales, que nos anestesiáis con solo nombraros. Que nos evadís de la realidad mientras nos hacemos kilómetros buscando el destino perfecto, la huída ansiada que nos libere de las presiones que nos ahogan. Benditos seáis… Porque, en vosotros, cualquier cosa que nos sacuda lo asimilaremos al vaivén del oleaje. Cualquier escalofrío será motivado por los hielos que se sumergen en las refrescantes bebidas, o por los aires acondicionados. Cualquier sofoco que tengamos lo achacaremos al insufrible sol. De cualquier desvelo al que nos enfrentemos culparemos al calor o al fresco de vuestras noches.

¡Benditos!

Empezó septiembre con el ánimo de retomarle el pulso a lo de siempre. Otra vez más de lo mismo. Menos mal que, a partir de ahora, quedan solo seis meses para que se asomen a los soles de marzo la primera Cruz de Guía –nuestra otra anestesia-.