Aunque enclavado en el epicentro de la ciudad de Cádiz, junto al Ayuntamiento, la iglesia de San Juan de Dios puede ser sin duda uno de los lugares más desconocidos para gaditanos y turistas.

La Hermandad de la Santa Caridad coincidiendo con la ‘Noche blanca’ proyectada para las pasadas noches del viernes y sábado quiso enseñar parte del rico patrimonio que se encierra en este lugar emblemático de la ciudad en el que ya en el siglo XV figuraba dentro de los grabados que de la misma se conservan.

En turnos de unas treinta personas hasta 600 visitantes han querido contemplar los tesoros ocultos -patrimoniales e históricos- que mediante visitas guiadas por colaboradores de la Santa Caridad se han realizado en estas dos noches.

Las visitas -con turnos en intervalos de media hora- han visitado en primer lugar la iglesia de San Juan de Dios, “la más antigua de las gaditanas” según señalaba el guía encargado de esta parte del recorrido. Este templo, adscrito al Hospital del mismo nombre, está situado en esquina y presenta una fachada adosado al edificio del Ayuntamiento. La singularidad del mismo como ejemplo arquitectónico es la de presentar planta de cruz griega que se inscribe en un cuadrado; se cubre con una cúpula en el crucero y bóvedas de arista en los cuatro brazos.

En el comienzo de la visita se explican los retablos del siglo XVII, así como los de rocalla dorada del XVIII, con las imágenes de San Miguel y la de San Rafael.

En la visita guiada no solo se explican los valores arquitectónicos y religiosos del templo sino que también se cruzan datos anecdóticos como el origen de las aportaciones para sufragar los distintos retablos. 

En esta primera parte del recorrido se hace referencia también a la vinculación entre el consistorio y el templo, ya que uno de los laterales del despacho del alcalde de Cádiz conecta directamente con la balconada interior del templo que en tiempos anteriores servía para que la corporación siguiera diariamente la celebración de la eucaristía.

Tras esta primera parte del interior del templo, quizás la zona más conocida para los gaditanos, se accede por la sacristía a la segunda parte y más valiosa de la visita; las zonas aledañas al actual geriátrico y anterior hospital de San Juan de Dios.

Subiendo unas improvisadas escaleras en las que se admira la parte recuperada de la antigua muralla que va desde el propio ayuntamiento hasta el Campo del Sur, se accede a las salas recuperadas y habilitadas por la Hermandad de la Santa Caridad.

Esta corporación, destinada a las obras de caridad, cuenta con menos de 140 hermanos y sin ningún tipo de financiación por parte de las distintas administraciones. Aún así, con el esfuerzo de sus miembros han sabido poner en valor algunas de las dependencias que llevaban siete años en mal estado. Entre ellas destaca la biblioteca -con un interesante fondo documental en materia sanitaria y especialmente en la historia de la propia corporación-, la sala del museo y la sala de cabildos,

En la visita a estas dependencias rehabilitadas también se muestra parte del rico patrimonio artístico que atesora la hermandad. Destaca el amplio juego de casullas bordadas que se utilizan para las celebraciones propias de este templo a lo largo de todo el año. También dentro de este patrimonio artístico se muestran algunos de los ostensorios, catafalcos y demás piezas que constituyen sin duda una de las más importantes muestras de talla, pintura, bordado y orfebrería que se conserva en la ciudad.

Una joya de capilla

Pero la joya de la corona, el mayor de los atractivos de la visita, se guarda para uno de los últimos momentos. Aunque se explica, antes de abrir sus puertas, que la obra de construcción tardó en su primera fase algo más de 75 años, al contemplarla los visitantes quedan totalmente fascinados y comprenden este espacio de tiempo.

Se trata de la capilla doméstica -situada en la primera planta del antiguo hospital de San Juan de Dios-, un recinto profusamente decorado a base de rocallas de madera dorada, espejos y pinturas.

El retablo, quizás el lugar que más asombra a los visitantes, fue realizado en 1752, también con los elementos propios del rocalla gaditano, aunque toda la capilla  es buena muestra de la arquitectura dieciochesca de la ciudad, que en un pequeño espacio combina elementos tan valiosos y variados como son los mármoles italianos, los azulejos holandeses y la rocalla dorada..

Entre los detalles que alberga se puede ver un excelente zócalo de azulejos holandeses fechados en 1775 y firmados por J. A. Almis de Rotterdam, que representa a miembros de distintas órdenes religiosas, enmarcados por grandes rocallas. En la escalera que da accesso a esta capilla también se conservan otros azulejos de origen holandés, con diversas escenas de países, también del  XVIII.

La Caridad es cara

Así lo manifiestan los miembros de esta hermandad que mediante acciones como esta intentan sufragar la única misión de esta corporación que no es más que seguir siendo, como desde su fundación, un sustento para los más desfavorecidos.

Igualmente lo recaudado tanto en estas visitas como en los donativos particulares sirve, además de la obra asistencial, para continuar con la labor de conservación de un patrimonio, que aunque desconocido, aguarda desde hace siglos entre las paredes de San Juan de Dios, junto al día a día de los gaditanos.

Histórica sala de cabildos

Una de las dependencias abiertas recientemente al público tras las actuaciones de conservación y recuperación por parte de la Hermandad de la Santa Caridad es la sala de cabildos. En la misma además de mostrarse el lugar en el que se reúne la Junta de Gobierno de esta corporación se pueden observar los retratos de antiguos hermanos mayores que ha tenido esta hermandad.

Su nómina de hermanos, sólo varones, ha estado compuesta a lo largo de los siglos por personajes principales de la ciudad, entre ellos y sólo en el siglo XX, los alcaldes Cayetano del Toro, Ramón Rivas Valladares, Sebastián Martínez de Pinillos, Agustín Blázquez, Jerónimo Almagro y Montes de Oca y Emilio Beltrami López-Linares.

También se muestra un cuadro de Alfonso XII con la ‘toalla’ representantiva de esta hermandad al ser nombrado en su reinado como hermano protector. (ISLAPASIÓN).

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