Recapacitó avispado el obispado. El padrino desaprobado ya puede probar las mieles del apadrinamiento con las bendiciones de la curia gaditana.

-  ¡Vaya trabalenguas, oiga!

-  Pues lo mismo que tenían liados unos y otros, mire usted.

Los manifestantes que planeaban clamar, prodigando el derecho a la libertad de ser cada uno lo que quiera, pasándose por el arco de entrada de la parroquia de San José Artesano las disposiciones por las que la Iglesia se rige. Algo así como si invitas a alguien a tu casa, pero no se respetan tus normas (por muy estrictas o anticuadas que te parezcan). ¿Continuarán en ello?

El neófito –el auténtico protagonista y perjudicado-, al fin podrá sumergirse en ese supuesto Jordán que la pila bautismal nos acerca.

La familia, supongo, feliz por la resolución.

El sacerdote, quizás, aliviado por haber cumplido como debía, según las normas eclesiásticas, y porque, al final, lo que se convirtió en una patata caliente ha pasado a ser una salchipapa. Esto es, la noticia nada novedosa, pero sorprendente, del verano.

En lo personal, opino que la Seo de Cádiz ha hecho lo oportuno; no está la Iglesia para que le den más campanazos, que miren lo que ha pasado en Sevilla porque estas sonaban –como siempre han hecho- en el barrio trianero de El Tardón: han saltado chispas en las redes.

Pero, ¿hasta qué punto esta reconsideración por parte del obispado era necesaria? Saben que han creado un precedente y, por mucho que se puedan escudar en que ha sido una salida extraordinaria –y esta vez los cofrades no han tenido nada que ver-, queda el hecho, como en las películas americanas: el Estado contra Lubowsky, 1979, aunque adaptándolo a lo que nos ocupa.

¡Toma Harry, el Sucio!

¿Habrá sido bien meditada? ¡Seguro! El prelado camina –como se dice en el argot costalero- sobre los pies o, como se diría en esta bendita Isla: ¡Váááámono! Con la certeza de que puede avanzar sin obstáculos. Así que me planteo. ¿Estará la Iglesia dando un nuevo paso hacia un modelo de pensamiento menos restrictivo, tal y como viene demostrando en sus palabras el papa Francisco?

Para los más ortodoxos, quizás haya sido un error. Para quienes han despotricado –y siguen- sobre los planteamientos católicos, con seguridad, haya sido una victoria moral. Pero lo cierto es que es una incongruente coherencia. Incongruente por cuanto choca con el mismísimo Código de Derecho canónico. Coherencia porque la Iglesia no está para juzgar, herir ni alejar a quienes aman a Dios, sino para acercarlo. Sin embargo, está claro que Dios propone y el hombre dispone.

Los que confirman que se ha obrado erróneamente, debieran discurrir sobre lo dicho. El concepto universal de nuestra religión, choca de frente con no aceptar al hombre con sus diferencias. No podemos señalar y quedarnos tan anchos sabiendo, como en este caso, que quien pretendía ser el padrino es creyente. Para los que se sonríen de forma amplia y sibilina -como el gato Tom cuando prepara una maldad sobre el ratón Jerry-, debieran recordar que, en otros sitios, lapidan o ahorcan a quienes, por naturaleza, psicológicamente no se sienten según el sexo con el que han nacido. Y observen dónde coloco ese por naturaleza.

Bueno… Ese es un tema inútil de discutir. ¿Verdad?

He leído muchos medios, en los que esta historia de reivindicaciones ha dado pie a comentarios que mordían con solo leerlo. Donde colectivos han puesto en rompan filas a sus correligionarios. Ya había prevista, como dije, hasta una concentración llamando a los ciudadanos para reclamar contra la discriminación que el párroco –afirmaban- había hecho efectiva.

Bien. Pues ya está. Y digo yo, arguyendo a lo más simple del derecho asociativo ¿No tiene la Iglesia, dentro de la libertad en la que la ampara la Constitución Española, derecho a obrar según sus propias reglas? ¿Tiene la sociedad no participante de las leyes de la Romana y Apostólica a hacer que esta se replantee sus propias normas, teniendo en cuenta que en ella cada uno es libre de estar y, en ese caso, debe –como en toda organización- acatarlas?

Visto lo visto, y hecho lo hecho. ¿No debiera la Sacrosanta revisar su Código? Para adaptarse a la nuevos tiempos dicen algunos. No. Para ser lo más parecida posible a la Luz  que representa.

Quede hecha la reflexión, abierta para dar opciones.

Como aquella película mítica de 1981 de John Huston, donde los jugadores de un equipo de prisioneros del Ejército Aliado se enfrentaba al alemán en París, y vieron en la disputa del encuentro una solución inesperada al escuchar el pitido que lo concluía: Evasión o victoria.

Qué quieren que les diga, como artículo personal que es, sin deberme a otras historias ideológicas o sectarias, para mí, sin menor atisbo de discrepancia, este hecho puede suponer una gran oportunidad para la Iglesia para actuar con la misma lógica de Cristo: a Mí quien quiera, que yo no los desecho. Eso sí, si te acojo, da testimonio cumpliendo, y se hace bueno el mandamiento de Amor fraterno de Amaos los unos a los otros, como Yo os he amado. Sin peros.