Las crónicas lo relatan como una de las mayores catástrofes que asoló a la Bahía, pero que afectó principalmente a la capital. Fue un día de Tosantos de 1755 y a pesar de que el día amaneció despejado pronto el cielo cambió de color. El seísmo, con epicentro en el cabo de San Vicente, y que según estimaciones llegó a alcanzar los nueve grados en la escala Richter, apenas causó destrozos, pero el posterior maremoto sí se dejó sentir.

A las diez de la mañana del 1 de noviembre de aquel año, un fuerte movimiento de mar inundó los parajes de la Caleta y de las dos puertas, del Mar y de Tierra, de la ciudad de Cádiz. Sin embargo, a pesar de su cercanía a la capital gaditana, la entonces llamada Real Isla de León no sufrió daños materiales.

Cádiz volvió a ser una isla y el camino que unía a la ciudad con San Fernando quedó anegado por las aguas. Sin embargo, y a pesar de los malos augurios, la entonces conocida como Real Isla de León no padeció percance alguno. En aquella época la mayoría de la población trabajaba en el Arsenal de la Carraca. Y lo que parecía que iba a desembocar en una tragedia aún mayor de lo que fue, ante el temor de que alcanzara también a San Fernando, no fue tal porque el agua no pasó de estas instalaciones

Y como agradecimiento se decidió bendecir el mar en una ceremonia militar y civil. Tradición que la Armada ha mantenido durante todo este tiempo y que solamente se ha visto interrumpida en ocasiones muy puntuales como ocurrió durante los años de la Guerra Civil.

Este martes el Arsenal Militar de La Carraca ha vuelto a acoger el actode la Bendición del Mar, que ha sido presidido por el Almirante de la Flota (Alflot), Santiago Bolíbar Piñeiro. El acto ha comenzado a las 11.30 horas con la revista a la fuerza. A continuación ha comenzado la misa con la que se conmemora este acto en la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario del Arsenal, seguida de la procesión del Santísimo Sacramento de la Eucaristía bajo palio hasta el muelle de San Fernando, donde se realizó la bendición del mar.

Las sirenas de los barcos han roto la solemnidad del ambiente y han callado la marcha de una procesión que mantiene una de las tradiciones más antiguas que se siguen realizando en la ciudad. El colorido de las banderas y la cantidad de personal y cargos civiles, así como mandos militares evocó a los mejores tiempos de una arsenal que ya no es lo que era.


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