Estaba ayer en una reunión de esas que se califican de balance positivo. Y tras los puntos a tratar y darla por concluida surgieron otros temas de debates, en donde uno ya opina no por lo que puede representar sino por la valoración personal que pueda tener. Y hablando de uno de esos temas me acordé que en una esquina del escritorio de mi ordenador dejé a medias un texto de fajín de esparto que, una vez concluida la Semana Santa, había escrito pero que, sin embargo, había dejado sin rematar.

En el mundo actual el presente ya es pasado y todo se sucede de forma vertiginosa. Entonces, tocaría hablar ahora de las novedades que ha traído la hermandad del Carmen con la ansiada salida procesional del 16 de julio y el cambio de los cargadores de sus andas; o qué podrá ocurrir si, como en los mentideros se comenta, está al caer el decreto que por fin la convierta en hermandad diocesana con todo lo que eso implica; ¿habrán motivados esos cambios -sobre todo el cambio de día de la salida procesional- el hecho de que próximamente puedan existir elecciones en El Carmen?

También podríamos valorar las propuestas electorales sobre la carrera oficial o la Semana Santa en particular de los partidos políticos que concurren a las elecciones; y hablando de urnas, cómo comenzarán con los próximos cabildos a la vuelta, las "batallas" internas cuando en una hermandad se presenten dos ¿o incluso tres? listas. De aquí a un año la mayoría de las juntas actuales cierran su ciclo de cuatro años y habrá que hacer balances y el hermano de nómina tendrá que decidir a quién le otorga su confianza.

Podríamos hablar del reconocimiento de una ciudad a la primera imagen dolorosa coronada canónicamente en la Diócesis de Cádiz y Ceuta, con el inicio del expediente de concesión de la medalla de la ciudad a María Santísima de Gracia y Esperanza; o de algunos atuendos de pascua que han llamado la atención (como siempre para bien en unos casos y para mal en otros).

Podríamos hablar de esos u otros tantos temas pero en esta mi primera aportación a la sección de opinión tras la semana mayor de 2015, quisiera detenerme en lo acaecido durante toda la Semana Santa en la C/ Las Cortes en el entorno del local del Loro Rojo. Y es que podríamos decir que el loro dio el cante.

Desde hace unos años son muchas las voces que han advertido sobre el comportamiento del público en el entorno de la Plaza del Rey y la C/ Las Cortes por la existencia de locales de ocio y restauración. Tanto se han ido degradando esos espacios que este año dos cofradías, como Santo Entierro o Vera Cruz, decidían cambiar su itinerario para evitar pasar por esas calles. Hasta aquí todo es conocido. Incluso la acusación a varios de los negocios como culpables de este comportamiento "poco cofrade". Todos somos conscientes que en los tiempos que corren, una mala publicidad puede ser letal. Y ante una acción, llega la reacción. Y ni corto ni perezoso uno de esos locales, el del Loro, se metió dentro de la programación semanasantera, anunciando que los premiados y finalistas del concurso de saetas de la peña Chato de la Isla actuarían desde su balcón ante una serie de pasos de misterio o palio. Y todo ello sin consultar a las hermandades.

Que conste que no estoy en contra del rezo hecho cante y así las saetas si salen del alma y de forma espontánea son otro aliciente de la manera que tenemos en esta tierra de entender la pasión, muerte y resurrección del Señor. Pero de ahí a que una entidad organice una ronda de saetas al paso de distintas cofradías por su local va un trecho. Cuando comienza a sonar una saeta suele ser cuando el paso queda parado. Pero una saeta suele durar más tiempo que el descanso de los de abajo y el comienzo de una nueva trepá. La jefatura de procesión tiene ante sí la decisión de o bien ralentizar los horarios y dejar el paso parado, o bien continuar el andar. Por lo vivido y visto posteriormente en video algunos decidieron esperar, con lo que el local de copas ganó su particular batalla y con esas saetas intentó enmascarar lo que el público allí congregado lleva evidenciando desde hace años; que ese tramo de salida desde la Plaza del Rey hasta la mitad de la C/ Las Cortes es un auténtico calvario para el que va haciendo penitencia, porque ni se les respeta ni se presta la atención y guarda el debido comportamiento que conlleva el estar presenciando un tipo de manifestación religiosa como es una salida procesional.

Pero lo peor vino en la parte final de la Semana Santa cuando se había corrido la voz y el público fue aumentando en ese punto para escuchar el cante jondo de los saeteros. Una determinada hermandad decidió no parar el paso y seguir la marcha, a lo cual el público reaccionó silbando y profiriendo gritos de disconformidad. Gritos que creíamos que pertenecían a un público no formado que sólo existía más allá de los caños que nos separan de la tierra contigua; gritos que sólo creíamos que íbamos a escuchar en el Despojado y el Greñúo en Cádiz pero que desgraciadamente también vivimos en San Fernando y que, hasta ahora, poco se ha hablado de ello.

Por eso, ahora que estamos ya metidos en romería rociera y con el cante en las venas de muchos cofrades, diferenciemos los momentos y que no nos den loro por liebre, porque ya sabemos que no todo es loro lo que reluce. Está claro que a grandes males, grandes remedios pero el gin tonic saetero no fue el que debió haberse dado.