Se cumplían 175 años de la llegada de la venerada imagen de Nuestra Señora de la Asunción al pueblo de Cantillana como titular de la hermandad y de la parroquia. Fue en 1839 cuando la mayordomía de la corporación expresó la necesidad de canalizar la devoción popular hacia el misterio de María asunta al cielo. Petición que es aprobada eclesiásticamente ese mismo año. Fue entonces cuando se decide que la Virgen sea entronizada en el altar mayor de la parroquia que ya llevaba esta titularidad. En 1840 la imagen, de autor desconocido del siglo XVI, llegó al pueblo y fue recibida con repiques de gloria entre el fervor de miles de personas. Desde entonces se ha forjado una devoción que ha enraizado en un pueblo que vive con intensidad, cada 15 de agosto, la llegada de la festividad de la Asunción de María.

Pero este sábado, 14 de febrero, el invierno se hizo verano en Cantillana. Las vísperas hacían presagiar la magnitud del histórico acontecimiento. La Virgen había sido sometida a una restauración que duró poco más de un mes. Sin embargo, el tiempo había pasado lento, muy lento porque a una madre no se le puede separar de sus hijos. Mientras, todo han sido preparativos para el recibimiento que tuvo lugar en la noche de este viernes. Desde elembellecimiento de la cúpula de su altar hasta el cuidado de su retablo, sin dejar a un lado la realización de los adornos y colgaduras que recuerdan el cariño de un pueblo hacia su Virgen. La llegada de la medianoche era precedida por el silencio. La luz de las velas recordaba bellas estampas de antaño y era ejemplo vivo de fe mariana. Nuestra Señora de la Asunción llegaba puntualmente a su casa pasadas las doce de la noche, cuando fue entronizada en su paso procesional para la salida extraordinaria prevista para conmemorar los 175 años de su llegada a Cantillana.

Desde el amanecer cientos de personas velaban a las puertas del templo parroquial para ser los primeros en volver a verla, en sentir de nuevo una presencia que llena de amor la vida diaria de los cantillaneros. A las diez de la mañana comenzaba la procesión. La banda de cornetas y tambores de Nuestra Señora de la Salud de Huelva abría el cortejo procesional del que formaban parte más de una veintena de representaciones de diversas hermandades venidas de toda España. El Simpecado precedía la llegada del paso en un recorrido marcado por un riguroso orden hasta la Plaza del Llano, donde a las doce y media comenzó la Santa Misa estacional presidida por el obispo auxiliar de Sevilla, Santiago Gómez Sierra.

El paso fue situado en el precioso altar, montado para la ocasión, antes del comienzo de la Eucaristía bajo los acordes de la Banda de las Cigarreras, que acompañó a la Virgen en esta primera parte del recorrido. En la homilía de la Misa el prelado habló de la Asunción de María, dogma por el que los cristianos «comprobamos el ejemplo de entrega de la Virgen y su recompensa al ser la primera en disfrutar de la divinidad en cuerpo y alma». «El cielo acepta a la creación entera, a la persona entera, espíritu y materia», prosiguió Gómez Sierra para quien María «porque es asunta al cielo está cerca de nosotros, en cualquier lugar y circunstancia de nuestra vida». «En Dios vivimos, nos movemos y existimos y Ella tiene esa cercanía con el Padre y con este pueblo de Cantillana a través de la querida Virgen, en su advocación de la Asunción». «María está con nosotros porque está en el cielo», ésa fue la idea central que el pastor quiso exponer en el acontecimiento central del amplio programa conmemorativo previsto para la efemérides.

Del Magníficat, pasaje evangélico de la Eucaristía de ayer, el obispo subrayó que el deseo más profundo de la Virgen es engrandecer su alma al Señor algo que contrapuso a la idea de que Dios sea un competidor del hombre o algo que limite su libertad porque «somos grandes solos si nos abrimos a Dios que quiere nuestro bien presente y futuro». Concluyó Goméz Sierra expresando su petición para que Nuestra Señora de la Asunción siga guiando a su pueblo de Cantillana hacia quien es «Camino, Verdad y Vida para alegrarnos en la grandeza del amor». A ella pidió que interceda por la unión y la caridad, «símbolo fraterno de los hijos de Dios».

La Misa, cantada por el coro parroquial de la Asunción, fue seguida por cientos de personas en un mediodía marcado por una climatología variable, con más nubes que claros, algo que sin embargo no restó un ápice de lucidez al multitudinario recorrido de la Virgen. La Banda de Cantillana acompañó al paso desde aquí hasta la recogida, que se produjo a las 20 horas.Momentos especialmente emotivos, aunque es difícil quedarse con alguno porque todo el discurrir de la procesión fue un derroche de amor del pueblo a su Virgen, fue la llegada a la carretera, donde una alfombra de sal fue atravesada por la Asunción con un magistral Antonio Santiago dirigiendo a la cuadrilla desde un lateral, sin pisar esa sal de luz que sólo fue atravesada por la Reina de unos fieles que estallaban de júbilo a su paso. Ese punto o chicotás de más de veinte minutos con marchas concadenadas fue quizás lo más sublime de un recorrido que fue ejemplo máximo de belleza y entrega sin límites.

Un emocionado hermano mayor narraba a Pasión en Sevilla su gozo por haber podido vivir estos días, que comenzaron con la presentación del cartel conmemorativo obra de la pintora sevillana Isabel Sola y la exaltación poética a cargo de Miguel Ángel Martínez Jiménez. También subrayaba el cariño de los muchos que se desplazaron desde distantes puntos de la geografía nacional. Francisco Eduardo Esteban González estaba exultante de gozo. No era para menos. La Asunción volvía a ser historia. El 14 de febrero fue 15 de agosto en Cantillana.

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