Llevaba tiempo evitando darle al teclado para escribir sobre lo que, para mí, es de lo más insignificante de una procesión. Hacen su labor, algunos su particular penitencia, pero será que nunca me he metido debajo de un paso y soy más de ceñirme un fajín de esparto que una faja. O será la cantidad de conflictos que "lo de abajo" ha creado en las hermandades que considero que no son imprescindibles. Quizás es lo más folclórico de un cortejo procesional y, por tanto, lo más alejado al sentido catequético de una estación de penitencia. Quizás se perdería estética, quizás se perdería pellizco, seguro que se perdería público,  pero con ruedas los altares móviles en los que se convierten los pasos en Semana Santa saldrían de todas formas. Sin hermanos que vistan su túnica seguro que no.

Pero no crean que este, mi primer artículo sobre la carga, pretende convertirse en un fusilamiento a los que con su esfuerzo, sacrificio y entrega contribuyen que en nuestra particular retina cofrade tengamos guardados determinados momentos que son especiales por el sentimiento que emana con la música, la carga y sobre todo con el misterio o la dolorosa a la que has ido a ver.

Se han acabado las navidades, y comienza la precuaresma. Ya están sonando los timbres en las casas al son de una nueva postulación que algunas hermandades mantienen más casi como una tradición que como una manera de obtención de ingresos extraordinarios, que se ven mermados año a año. Antes de la llegada de los carnavales llegarán varios conciertos de marchas procesionales en los que en algunos de ellos, afortunadamente, podremos disfrutar con formaciones musicales de calidad que no han tocado nunca en nuestra ciudad. Y de nuevo comienzan a sucederse las primeras reuniones, asambleas, igualás,... de las cada vez más cantidad de cuadrillas de cargadores. Cuadrillas de asociaciones, cuadrillas de hermanos, cuadrillas de capataces,... el abanico se ha abierto en los últimos años en nuestra ciudad. Y también los ensayos de las mismas.

Y llegados los ensayos, observamos como hay mejoras pero aún queda mucho margen. Aunque lo veo desde fuera y quizás mi ignorancia en estos temas me lleven a caer en errores, veo que se van dando pasos agigantados hacia un perfeccionamiento de todo lo relacionado con "lo de abajo". Ya no es tema tabú regular las trabajaderas o colocarlas en "v" si así se ve necesario; ya no es tabú tener muchos relevos o plantear la posibilidad de doblar cuadrillas; ya no es tabú homogeneizar la delantera y la trasera si el paso no tiene las trabajaderas regulables; ya no es tabú homogeneizar el calzado, o no son tabú los pantalones blancos en hermandades de barrio... cuestiones que pueden ser nimias pero que ha costado incluso comentar en determinados ambientes.

Y también se observa como los andares se van fijando cada vez más al estilo y gusto de cada hermandad. Al igual que la música, el exorno floral de los pasos, los bordados, las túnicas o el comportamiento de los nazarenos (el público es otro cantar), los pasos van andando mejor, poco a poco según la filosofía que marca cada hermandad. Así da gloria ver determinados pasos de cofradías de negro que han adoptado un andar mucho más ágil, sin margen para otra forma de andar que no sea ir de frente. Pero, desde mi punto de vista, creo que donde queda mucho margen de mejora, de complicidad con las marchas que en los últimos tiempos han tenido una enorme evolución, es en la forma de andar de los pasos de misterio de las consideradas hermandades de barrio.

En una carga donde el que lleva la voz tan solo sabe decir ...quieto, vámonos, quieto, quieto, vámonos, "pa trás"... todo queda muy limitado. Da igual que la marcha que suene tenga una batería espectacular, da igual que las cornetas suenen a tres voces, da igual que esa marcha no se la sepa el que lleva la voz y mande a la cuadrilla qué movimientos es el que convendría hacer, porque todos sabemos lo que van a hacer; en el momento en el que haya dos platillazos y cuatro golpes más fuerte del bombo, él mandará uno, dos o tres quietos seguidos, y los de la trasera empezarán incluso a picar el paso.

Es lo que tenemos; una forma de andar que puede dar mucho más de sí, en la que dejando a un lado el manido tema de la herramienta de trabajo, creo que hay mucho margen de optimización, pudiéndose realizar otros movimientos que hagan que los pasos de misterios de las hermandades de barrio anden al son de la evolución que se ha producido en las marchas procesionales. El que conozca el mundillo de la carga sabe perfectamente cuáles son los movimientos, los cambios a los que me refiero. Incluso, por qué no, otros que puedan inventarse.

Porque, como muchos han o hemos hecho, al final tanto ...quieto, vámonos, quieto, vámonos... te acaba aburriendo y hay algunos que terminan emigrando en esos días grandes....