Parece ser que 2016 será el año. O al menos esa ha sido la fecha anunciada en días pasados por los que nos gobiernan para que esté en funcionamiento por la calle Real nuestro “querido” tranvía, cuyas interminables obras venimos sufriendo los isleños desde hace ya demasiado tiempo.

Como bien se sabe, su trayecto atraviesa la totalidad de la actual carrera oficial, aunque desde los inicios del proyecto se nos quiso tranquilizar a los cofrades asegurando que el servicio se paralizaría durante las horas de paso de las cofradías por la misma, de tal modo que no había que temer que fuera a alterar el normal funcionamiento de la Semana Santa. De hecho, en los últimos días y por parte de los responsables políticos, hemos tenido ocasión de escuchar manifestaciones similares.

Sinceramente, a mi me cuesta creer que un transporte público que se pretende sirva para vertebrar varias localidades de la provincia se vaya a mantener paralizado varias horas durante varios días. Pero en un gesto de buena voluntad prefiero otorgar un voto de confianza y pensar que finalmente será así.

Sin embargo, se me ocurre otro inconveniente. Y es que si me imagino un paso transcurriendo por una carrera oficial prácticamente entoldada de cables y flanqueada, como ya lo está, de antiestéticos postes, la visión no me seduce en absoluto.  Seguramente muchos cofrades hayan tenido el mismo pensamiento y sean de la misma opinión.

Desgraciadamente San Fernando no es Sevilla y por tanto no tendremos la suerte de que, como allí ocurrió, se retiren los postes y las catenarias por el tramo de calle Real que se utiliza como carrera oficial y se sustituyan por baterías.

Por tanto y por este motivo no me extrañaría nada que una vez comprobado el resultado estético previsto  fueran las propias cofradías las que en un futuro no muy lejano se planteasen trasladar la carrera oficial de lugar.

Y llegados a este punto, pocas alternativas existen dada la peculiar configuración urbana de nuestra ciudad. Quizás alguna que pasara por aprovechar el entorno de la Plaza del Rey y la imponente fachada de nuestro monumental ayuntamiento (suponiéndolo ya restaurado, que es mucho suponer), así como sus calles adyacentes.

Lo cierto es que en pocos meses tendremos la ocasión de comprobar el impacto visual que supondrá el discurrir de un cortejo procesional bajo un entramado de catenarias. Esperemos que éste sea razonablemente aceptable y podamos seguir disfrutando por mucho tiempo de una carrera oficial amplia, cómoda y de nivel como la que actualmente tenemos. Será buena señal.