Hacia el siglo VII, y gracias a los grandes obispos españoles, se comenzó a recopilar por escrito las historias de los martirios (passiones) que se recordaban hasta el momento, dando lugar a una conocida obra, el Pasionario Hispánico. Entre estos relatos encontramos el famoso caso de los santos mártires San Servando y San Germán, sacrificados en tierras gaditanas, tratándose del único vestigio literario que nos habla de una temprana presencia cristiana en la zona.

Todo apunta a que estos ¨beatísimos mártires¨ fueron dos hermanos nacidos en el seno de una familia cristiana en la ciudad de Emerita Augusta (es decir, Mérida) y si no fue así, casi con total seguridad eran oriundos de la capital administrativa de la diócesis y provincia de Lusitania, donde fueron apresados. El Pasionario Hispánico los presenta así:

Servando y Germano, bienaventurados mártires, que vieron brillar el resplandeciente día de su pasión, de elevado y noble linaje, piadosos, buenos, sencillos, sobresalientes en virtud de alma y de cuerpo, cultivaron con obras intachables un espíritu religioso, una fe piadosa, una paciencia escrupulosa. Estos beatísimos mártires, como tuvieran en estos años las almas robustecidas, una conciencia grata a Dios y viril y mantuvieran la observancia religiosa, conscientes de su limpia sencillez, recibieron la gracia ansiada de purificarse de toda la inmundicia de la tierra. Renacidos con el agua y el Espíritu Santo, animados del espíritu celestial, se revistieron de las armas de la justicia y en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Hijo de Dios, expulsaban de los cuerpos posesos los espíritus inmundos y mediante la imposición de sus manos, curaban los miembros de muchos afectados por distintas enfermedades.

Siempre han sido representados como soldados romanos, pues no es de extrañar que pertenecieran a estas legiones. Como ya hemos dicho, sus creencias cristianas les llevaron a predicar la doctrina de Cristo, hasta que finalmente fueron delatados. Al entrar en prisión confesaron sus creencias, y fueron sometidos a castigos y a duros tormentos por haber destruido ídolos y haberse negado a rendir culto a aquellas divinidades paganas.

Tras la persecución de Aureliano (emperador entre los años 270-275) se estableció un periodo de paz, donde los mártires fueron puestos en libertad y volvieron a predicar con valentía la palabra de Jesucristo, pero una nueva persecución de la mano del emperador Diocleciano (284-305), hizo que cayeran en mano de un subprefecto llamado Viriato, quien los sometió a nuevos tormentos.

Tras esto, doloridos y hambrientos fueron llevados atados con pesadas cadenas rumbo a Mauretania Tingitana (se ubicaba en el extremo costero occidental de África, y era una zona agregada al gobierno civil de Hispania. Cabe recordar pues, que se convirtió en un territorio adscrito a la Diocesis), pero viendo que los dos jóvenes resistían, llegados al territorio gaditano, y quizás para evitar costear el pago Ursiniano -parece ser que en el lugar del martirio se asentaba el campamento de una legión que tenían como símbolo un oso, ursus en latín.-, los mandó degollar el día veintitrés de octubre de algún año inicial del siglo IV. Cuenta además su historia que el sitio concreto del martirio fue un cerro en un paraje llamado Ursiano, relacionado con el actual Cerro de los Mártires en San Fernando.

El cuerpo de San Germán, fue sepultado en Emerita Augusta junto a Eulalia y otros mártires, y el de San Servando, según indica la oración de la misa mozárabe se llevó hasta la ciudad de Cádiz, desde donde fue trasladado a Sevilla, donde fue sepultado junto a las mártires Justa y Rufina.

Pero en torno a esta historia aparecerán una serie de interrogantes. En primer lugar cabría cuestionarnos por qué los mártires son decapitados en el Cerro de los Mártires, pues si tenemos en cuenta el camino de Mérida hacia la Tingitana, veremos que este lugar no coge de paso. Según sabemos, solo existía una vía entre el Guadalquivir y la costa gaditana, la que pasando por Baños de Gigonza y Medina Sidonia debía llevar a Vejer y a la desembocadura del Barbate.

Entre las hipótesis encontraremos la de Enrique Flórez, quien piensa que, efectivamente, el martirio pudo haber tenido lugar en el citado lugar tras desviarse Viriato del camino con la intención de visitar el templo de Hércules, que como ya sabemos, aún contaba con un gran prestigio en el siglo IV. Pero en realidad, puede parecernos más acertada la teoría del profesor Sánchez Corzo, quien sitúa el lugar del martirio en Alcalá de los Gazules o sus cercanías:

Que el obispo Pimenio hubiera logrado trasladar al lugar del martirio los restos de San Servando, que en tiempos de San Isidoro se conservaban en Sevilla, es hasta cierto punto aceptable, y esto equivaldría a localizar en los Santos Nuevos el ¨pago ursiniano¨ que sin mayor base se ha situado desde el siglo XVII en el Cerro de los Mártires de San Fernando. Aunque difícilmente se podrán comprobar estas teorías, parece conveniente reivindicar lo razonable de las conclusiones de Albisu, especialmente porque el cráneo conservado en Alcalá puede ser actualmente la reliquia de un mártir cristiano más segura que se conserve en todas las iglesias de España. Corresponda o no a San Servando, se trata de un personaje muerto con violencia y al que se reservó un lugar preferente en una iglesia edificada a los pocos siglos del fallecimiento de estos mártires, cuando la tradición ininterrumpida de los cristianos de entonces aún podía señalar con exactitud tanto los auténticos restos como el lugar exacto del martirio.

En efecto, debemos tener en cuenta unas reliquias pertenecientes a unos santos en la basílica que fundó el obispo Pimenio en el término de Alcalá de los Gazules, que dieron lugar a una excavación. Llama la atención un cráneo en el que se aprecian los tajos de un hacha que provocaron la muerte del individuo. Todo apunta a que podría tratarse de los restos de un mártir. Además, este dato arqueológico se complementa con una inscripción encontrada en la misma basílica, y cuya traducción sería la siguiente:

EN EL NOMBRE DEL SEÑOR AQUÍ

ESTÁN DEPOSITADAS LAS RELIQUIAS

DE LOS SANTOS SERVANDO GERMÁN

SATURNINO JUSTA RUFINA

MÁRTIRES Y JUAN BAUTISTA

EN EL DÍA NOVENO DE LAS CALENDAS

DE JUNIO

DEL AÑO XXXIII DEL SEÑOR

PIMENIO COMO PONTIFICE

EN EL AÑO DCC DE LA ERA.

De todos los santos que aquí se nombran, el cráneo solo podría corresponder a uno de los dos primeros. Y si fue este realmente el camino seguido por Viriato, parece lógico situar el pago Ursiniano cerca de Vejer, en el lugar del hallazgo de una inscripción en la basílica de San Ambrosio, conservada actualmente en la ermita de Nuestra Señora de la Oliva del mismo pueblo.

Tampoco es descabellado pensar que en la época de Pimenio, (cuando se intentaba revitalizar la zona ocupada por los bizantinos durante el siglo VI) se realizara la consagración de una serie de iglesias relacionadas con estos mártires, y que parte de estos restos se trasladaron posteriormente a Sevilla. Por tanto, parece ser que el único cráneo de un mártir cristiano bien identificado es el de San Servando, ubicado, a diferencia de lo que se había pensado hasta entonces, en Alcalá de los Gazules.

Otra pregunta que nos podríamos replantear es por qué Viriato decide acabar con sus vidas. Como ya hemos dicho, el destino de San Servando y San Germán era la Mauretania Tingitana. Debemos tener en cuenta que no era nada extraño este tipo de deportaciones o exilios –en cuanto a la caracterización e interpretación del exilio en los ss. IV y V d.C., véase Exil et relégation: Les tribulations du sage et du saint durant l’antiquité romaine et chrétienne (1e-VIe s. ap. J.-C.), Actes du colloque organisé par le Centre Jean-Charles Picard, Université de Paris XII-Val de Marne Paris, 2008-  forzosos denominados deportati in exilium o relegati in exilium.

El castigo consistía en hacerles vivir en contra de su voluntad en otras regiones bajo unas condiciones extremadamente duras, siendo considerado esto una clase concreta de martirio o castigo. Sabemos además que cuando se realizaban estos viajes, solían hacerse con grupos amplios, y no solo con dos personas. Entonces ¿por qué únicamente fueron condenados a muerte San Servando y San Germán? ¿Acaso eran dos personalidades que destacaban por encima del resto? Por otro lado debemos suponer que Viriato no tenía planeada la muerte de los mártires desde el principio, pues de ser así, casi con total seguridad lo habría hecho en Emerita Augusta, entonces capital político-administrativa de la Diocesis Hispaniarum, y no a medio camino en el conventus Gaditanus.

Por si fueran pocas las incógnitas, aun debemos replantearnos otra cuestión de difícil respuesta: ¿existieron San Servando y San Germán? Es cierto que dentro de la recopilación de martirios del ya citado Pasionario Hispánico - Sobre el relato del martirio de Servando y Germán en el transcurso de la persecución de cristianos decretada por Diocleciano en el año 303. RIESCO CHUECA, op. cit.- se incluye este relato, pero hay que tener en cuenta que se trata de una fuente que data del siglo VII, existiendo una gran distancia temporal con respecto al martirio. Para tratar de dar una solución a esta pregunta deberíamos atender a una fuente escrita mucho más próxima en el tiempo, el Peristephanon de Prudencio (siglo IV). Entre los cantos dedicados a los distintos mártires que encontramos en esta obra, ninguno irá dirigido a los Santos Mártires.

Sin embargo, en esta misma obra se hace referencia a las santas hispalenses Santa Justa y Rufina, quienes murieron martirizadas pocos años antes que San Servando y San Germán. De la misma manera se nombra a Santa Eulalia, quien no solo fue ajusticiada en la misma fecha, sino que también era oriunda de Emerita Augusta. Esto daría lugar a pensar que la historia de este martirio no es más que otra de las muchas leyendas que se fraguaron en los primeros años de la Edad Media, y que realmente esto nunca ocurrió.

En cualquier caso, reales o no, San Servando y San Germán se ganaron el reconocimiento de los creyentes, que comenzaron a rendir culto a unos mártires que fueron asesinados en algún lugar del territorio gaditano, culto que continua hasta nuestros días.

María Cristina López García
Grado en Historia por la Universidad de Cádiz


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